6.2.17

Agua con limón, para empezar el día

Lo sabemos aunque no siempre actuamos así por las mañanas. La mejor bebida para empezar el día es un vaso de agua con zumo de limón. Nada más levantarnos, antes de desayunar, para que empecemos el día con efectos beneficiosos para la digestión, la piel, el sistema inmunitario, la concentración o la pérdida de peso. Te ayuda a tomar agua para la deshidratación de la noche al estar varias horas sin tomar líquidos, te aporta vitaminas y minerales, siempre que te lo tomes nada más exprimir el medio limón en un vaso de agua de unos 250 c.c.; y te ayudará a que el desayuno posterior se pueda digerir mucho mejor pues inicia el proceso de bilis del sistema digestivo.

Cuida los niveles de insulina, ayuda a eliminar mejor las posibles toxinas de la noche, limpiando mejor el hígado, ayuda en el estreñimiento, ayuda en el sistema inmunológico, aporta energía natural, rejuvenece la piel, despierta la mente ante el nuevo día, y limpia la boca de bacterias evitando la sequedad bucal antes del desayuno.

El único posible problema en algunas pocas personas, es que produzco acidez estomacal. Si es así, con dejarlo de tomar por las mañanas se resuelve el asunto, pero no es habitual. Intenta aunque no es lo mismo, con naranja o mandarina, o cambiarlo por un té verde.

1.2.17

La religión mejora la salud de los creyentes

Es posible que seas creyente de alguna religión, sería lo habitual, pues se calcula que unos 4.500.000 de personas, y somos unos 7.000.000 habitantes, creen en alguna deidad, religión o similar. Lo curioso es que además de ser mayoría, gozas de mejor salud que el resto. La religión cura. En España el 70% más o menos se siente católica, un 3% cree en religiones diferentes al catolicismo, y sobre un 10% somos ateos que no creen que exista ningún dios y un 27% son no creyentes en un Dios concreto y claro, o más llamados agnósticos.

Decía que el 70% de los sí creyentes, esos gozan de mejor salud, pues la religión cura. Sí, sí, la religión ayuda a mejorar procesos simples de enfermedades que terminamos tratando con pastillas. Reduce la artritis, la ansiedad, el estrés, la depresión, la presión arterial y el consumo de medicamentos. ¿Y por qué sucede esto? Pues vamos a explicarlo.

Una persona que habla con Dios, es decir, que ora o reza de forma activa y constante, en realidad está más cerca de la meditación de lo que ella se cree. Entra en procesos reflexivos, de relajación, de análisis interiores de sus actos o del cómo afrontar los que le sobrevienen. Si habla con Dios, en realidad está hablando consigo mismo.

Pero además sus formas de entender la vida son más integradoras, y eso no quiere decir que los ateos o agnósticos no lo seamos, sino que cambian nuestras formas de serlo. Y aquí estamos hablando de personas que se tomen de forma activa la religión, tal vez el 25% de los hombres que se consideran practicantes y un 35% de las mujeres practicantes, cifras que aumentan con la edad sobre todo en el caso de las féminas.El resto de los que dicen ser católicos, no son de nada, pero tampoco saben que no lo son. O no quieren decirlo.

Necesitamos creer en algo, incluso necesitamos que nos encontremos con alguna creencia ya formada y que nos sea transmitida. Tal vez como decía Jeffrey Masson, la religión de cualquier tipo es la única diferencia entre humanos y animales. Necesitamos creer en algo, en el alma, en Dios, en unos animales superiores, en algo intangible. Es lo más sencillo para no respondernos con serias dudas.

Si nos tenemos que morir, nada como admitir que estamos aquí de paso, que alguien nos ha puesto para darle sentido a nuestra vida entregándonos en una parte a los demás, pues estas creencias básicas nos ayudan a soportar mejor el dolor y el sufrimiento. Y sin que nos demos cuenta, no ofrecen una seguridad añadida en los años más débiles de nuestra vida.

Entre rezar y tomar pastillas antidepresivas o para no tener insomnio, sin duda es casi seguro que lo primero tenga menos efectos secundarios. Sobre todo si no eres muy exigente con la vida eterna, la vida en plural, la vida de las preguntas constantes.

30.1.17

Crisis de migrañas. Síntomas y soluciones

Si hace "clic" la verá más grande
Vamos hablar de las migrañas, y antes de nada hay que advertir que es un problema de salud muy serio, invalidante en algunos casos, y que siempre, repito, siempre, debe estar controlado por médicos, que además de recetar medicación, deben intentar saber los motivos de las crisis con el control de un especialista. Prohibido pues automedicarse de forma fuerte, sin antes haberlo hablado con un especialista. Ahora voy a dar algunos consejos o ideas, pero siempre hay que tomarlos con precaución, cada persona somos un mundo, y nada es perfecto para todo el mundo.

Las migrañas suelen empezar poco a poco, tan suavemente que a veces las desentendemos, y cuando nos damos cuenta ya se han ido haciendo fuertes en nuestra cabeza y resulta tarde tomarnos la primera pastilla contra ellas. Es fundamental que a los primeros síntomas tomemos la primera pastilla contra los dolores.

Es muy importante también llevar un pequeño dietario o diario con las crisis, donde apuntaremos las crisis, su fuerza, y la alimentación de cada día. Hay personas que algunos alimentos les desencadenan crisis de migraña y es bueno saber el motivo, pues además las puñeteras no se desencadenan a las pocas horas de tomar el alimento o la bebida, sino a veces a los dos o tres días.

Es muy cierto que los periodos de estrés o incluso todo lo contrario, los periodos de calma tras periodos de mucha tensión, desencadenan las migrañas. Es importante detectar estos posibles motivos.

Siempre hay que llevar encima la pastilla “fuerte” que nos hayan recetado, para crisis de mayor virulencia. Y sin duda también pastilla de las “normales” para crisis esporádicas, pues nunca sabemos en qué momento nos puede romper el día. Tomar siempre con agua, y en una farmacia o en un bar te pueden dar un vaso de agua sin problemas.

Hay personas a las que tomar café sin azúcar con una gotas de zumo de limón le va muy bien y le resuelve el problema. Parece contradictorio pero es así. Puedes probar pues la cafeína produce vasoconstricción y puede ayudarte a resolver el dolor. La infusión de hojas de limonero ayuda en mitigar los dolores, y a falta de estas hojas, hay personas que se ponen unas gotas de zumo de limón. Tomar cafeína funciona bien en algunas personas, y mal en otras. Cuidado con tomarlo de forma masiva, pues sube la tensión sanguínea.

Cuando la crisis sea fuerte, necesitas tranquilidad, silencio, oscuridad, y ponerte algo fresco en la frente o en el cuero cabelludo. Pueden ser unas rodajas de pepino, de patata, la cáscara de melón o sandía, que antes hayan pasados unos minutos por el congelador. O un pañuelo mojado con agua helada.

Y recuerda que si eres propenso a tener crisis de migrañas, debes intentar no consumir alcohol, chocolate, conservantes artificiales, no tomar mucho sol sobre todo en la cabeza, cuidar de controlar el estrés, no pasar hambre en las horas de comida por ayunos e intentar comer a horas fijas, dormir con calma y a unas horas repetitivas, no tomar mucho queso curado o pescados ahumados. Pero en la alimentación, es más importante que logres tú mismo detectar qué te sienta mal ante las crisis, recordando que pueden haber pasado un par de días desde la ingesta del alimento crítico.

¡Rebelaros, abuelos! Mientras haya salud, somos libres.

En esa pérdida de valores por efectos de no se sabe bien qué mecanismos, donde se mezcla el egoísmo, el individualismo y la crisis total de referencias incluso familiares, las relaciones entre hijos y padres, en el mundo occidental, está atravesando un periodo jorobado, agrio, duro, donde todo está en constante revisión.

Los padres pasan enseguida de ser eso, padres protectores y blandos…, a ser abuelos. Y esto que parece lógico y un camino sencillo, se convierte en un drama callado, soterrado y admitido, en numerosas ocasiones. Los abuelos en excesivos casos, se convierten sin que nadie lo diga claro, en una de estas dos clases contundentes. O criados o un estorbo.

Están los abuelos que utilizamos como criados gratis, no ya sólo como cuidador del nieto sino como persona que a cualquier hora, en cualquier momento, debe estar a disposición de los hijos, repartiéndose los horarios de atención instantánea, de una forma que no se lograría con ningún trabajador por cuenta ajena.

Para más curiosidad, los hijos intentan convencer a los abuelos de que es bueno para ellos, que así se sienten útiles y válidos y les alarga la vida atender a los hijos. Es cierto que la relación nietos y abuelos es positiva si es estrecha y colaborativa, pero no si es obligatoria y constante, como sustitutiva de los padres.

Pero aunque se disfrace de atender a los nietos, es mentira…, a quién estás atendiendo es a los hijos.

Y no ya en horarios laborales para que los hijos puedan pagar la hipoteca, no, ni para que se realicen los miembros jóvenes de la familia a costa de que no se realicen los miembros mayores y ya en periodo de descanso. No.

Es que los abuelos tienen que estar a disposición y prevengan, también los fines de semana, pues los hijos se tienen que ir a divertir. Incluso deben irse de viaje de vacaciones y fin de semana solos. A joder o a bailar. A follar o a mirarse a los ojos. Evitando que puedan hacer lo mismo sus padres, que para eso son ya abuelos y no se hacen arrumacos.

Los abuelos también tienen que poderse ir a cenar a un restaurante, y con más derechos que sus hijos. Sobre todo porque no pudieron hacerlo cuando ellos eran niños. Deberían poder quedar con los amigos, pero ya no pueden…, pues cada pareja de amigos tienen a sus propios nietos agarrados con unas esposas.

Y luego está el otro tipo de relación. La de la absoluta dejadez relacional. Los abuelos son eso: abuelos, viejos, carcas, antiguos, aburridos, impertinentes, pesados. Si los hijos no los necesitan, los olvidan. Pueden pasar de tener al nieto todos los días 8 horas, a verlo una vez al mes y en una cafetería.

Ir a comer a casa de los abuelos no, pues cocinan con mucha grasa, o fuman, o huele la casa a viejo. Cualquier excusa sirve para además hablar con otros amigos hijos jóvenes de abuelos con las mismas realidades, de lo impertinentes que son los viejos. Hemos dejado de ser criados para ser presa de las críticas de nuestros “jefes” hijos.

No hablo de abuelos de 80 años (que también podría), lo hago de abuelos de 60, de 55 o de 65 años. De esa edad en la que las personas deberíamos estar disfrutando del descanso y no con más horario laboral que cuando nos ordenaba el jefe qué hacer. Nuestros hijos pueden ser peores jefes que nuestro asqueroso jefe de personal.

Y no he querido hablar de ese otro tipo de abuelos, con una jubilación suficiente, que tiene que amamantar todavía y con 60 años a sus propios hijos, pues o no les llega, o están en casa de vuelta o de NO ida…, y que a poco que te rebeles te miran con cara de asesinos. Los abuelos de edad, no tenemos derecho ni a quejarnos, pues enseguida hemos perdido los derechos más básicos a la libertad. Y eso…, creo que no deberíamos permitir.

¡Rebelaros, abuelos! aunque no tengáis nietos. Mientras haya salud, sois, somos, libres.

@Medranica

20.1.17

La muñeca que cuidada de la anciana

Ayer tuve la posibilidad de contemplarme en el rostro de una anciana. Quizás suene paradójico, pero así es. Ella, estaba esperando ser atendida en un centro sanitario, iba acompañada por su nieta.

La señora llevaba en sus brazos, bien arropada, una muñeca. E insistía en que la muñeca no debía pasar frío, en la calle estaba helando.Era como esa niña que lleva un muñeco envuelto en una mantita en un carrito, y se preocupa por él, aprendiendo a ser mamá cuando sea mayor.

La anciana una vez se detuvo a mirar a su nieta y después a su muñeca y le dijo, os parecéis mucho. Yo creo que por eso os quiero a las dos. Tú me cuidas a mí, y yo la cuido a ella para que se haga mayor.

¿Por qué me vi en aquella señora?…, porque yo fui niña que jugaba con muñecas, porque tengo despierto ese instinto materno, y porque espero algún día llegar con salud a ser una anciana tan feliz e inocente como una niña de tres años.
 
Hay que cuidar a nuestros mayores, asumir sus achaques, sus cambios, su retroceso, y cuidarlos como niños tiernos aunque su piel esté arrugada y su cuerpo lleno de experiencias.
 
Laura Puente
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